Lista de páginas

martes, 1 de junio de 2010

El futuro del urbanismo histórico en Cartagena



La revisión del Plan General que acabó su exposición pública en enero pasado es, en materia de urbanismo histórico, un compendio de todos los errores que se han cometido en Cartagena desde 1995. Refleja además la escasa capacidad autocrítica y la nula voluntad de enmienda que tienen los responsables municipales del paron urbanístico inequívoco que aqueja al conjunto histórico de la ciudad. La degradación del casco histórico de Cartagena es reconocida por los propios redactores del plan que, a pesar de ello, no proponen medidas correctoras e insisten en la misma “estrategia” urbanística que se ha venido siguiendo hasta ahora.
Los datos están en el propio plan, en la pagina 182 de la memoria informativa: la población del conjunto histórico ha descendido de 14.598 a 11.590 habitantes entre 1996 y 2001. La ocupación residencial oscila entre el 25 % de la C/Carmen y el 13% del Monte Sacro. El 42% de las parcelas edificables son solares; reconociendo los redactores del plan que “la densidad de viviendas es baja en comparación con otras ciudades españolas”. El número de viviendas abandonadas oscila entre el 30 y el 35% del parque existente. La actividad comercial está en franca regresión. Los servicios hoteleros son escasos.
Para hacer frente a datos tan abrumadores los redactores del plan se proponen seguir con las expropiaciones y demoliciones que apuntan ahora al Barrio de Santa Lucia, que forma parte del entorno del Conjunto histórico, y al Arsenal, cuyo muro se desprotege para facilitar la invasión. En la revisión del Plan general no hay una sola medida económica especial para el fomento del Conjunto histórico, cuya situación se ha agravado terriblemente con las actuaciones en el Monte Sacro. La única medida protectora del patrimonio histórico se reduce al “Plan especial de reforma del Conjunto histórico” vigente, cuyos efectos y escaso grado de cumplimiento podemos apreciar en el edificio Cónsul, que se eleva sobre un edificio protegido con grado 3.
La revisión del Plan general obvia toda referencia legislativa y operativa a los dos conjuntos históricos más importantes que existen en nuestro termino municipal. Conjuntos que, en pura lógica, deberían ser la piedra angular del planeamiento de una ciudad que dice apostar por rentabilizar su inmensa riqueza patrimonial. Nos referimos concretamente al Real decreto 3046/80 que declaró el conjunto histórico de Cartagena, que se hace desaparecer del Plan; y a la declaración del conjunto histórico de la Sierra Minera, que no se incluye en la revisión, a pesar de haber sido recientemente promulgada por la administración regional. Ambas referencias son insoslayables en pura lógica, pero sobre todo la primera, porque es un Real decreto que no puede ser alterado sino por la misma autoridad que lo elaboró.
La omisión de referencias al Real decreto 3046/80 es claramente interesada; porque abre el camino de forma presuntamente ilegal a la modificación de los limites del entorno del conjunto histórico en la fachada este de Cartagena y favorece descaradamente una operación especulativa en Santa Lucia, tan desaforada e irresponsable, como ha sido la del Barrio universitario y la del Monte sacro.
Si es que trasciende a las expropiaciones, al asolamiento del barrio y a la concentración de la propiedad del suelo, como ha sucedido ya en el Monte Sacro, la característica más significativa de la operación de Santa Lucia será levantar un frente edificatorio de ocho plantas en primera fila, junto a la carretera, desde los “Techos bajos” a la Grúa Sansón; de espaldas al resto del barrio; que quedará convertido así en un guetto entre el Castillo de los moros y esta prolongación de la muralla del mar. Un barrio como el de Santa Lucia que con imaginación podría ser una especie de “Albaicin-marinero cartagenero” sacrificará su visión del mar en provecho de unos pocos propietarios, que aprovecharán gracias al Plan General el beneficio fácil de la primera línea del barrio frente al mar. ¿Qué alturas edificatoria se autorizarán detrás de esa muralla: rascacielos de treinta pisos o quizás un segundo edificio cónsul sobre el castillo de los moros?
Lo peor de todo no es sólo el desprecio que manifiesta la revisión del plan hacia el entorno histórico próximo, que en el caso de Santa Lucia incluye elementos tan importantes como el Hospital de marina, la muralla de Carlos III o el Castillo de los moros, en los que se ha invertido enormes sumas de dinero; sino también la repetición de un modelo de gestión urbanística des-reguladora y privatizadora de corte thatcherista, que ataca las leyes protectoras del patrimonio -con las que al parecer no saben administrar nuestros munícipes-; que fomenta una gestión del suelo que necesita expulsar a los habitantes de la ciudad, expropiándolos a precios ridículos; que concentra la propiedad del suelo y que favorece la conversión del patrimonio urbano en solares de alto valor especulativo a la espera de futuras operaciones “ad calendas grecas”. ¿Son las leyes las culpables de la falta de imaginación de los gestores? ¿Son los reguladores del mercado los que impiden crear riqueza? ¿Recuerdan ustedes las consecuencias que han tenido políticas semejantes en la economía mundial?
Idéntica operación a la de Santa Lucia está prevista en la fachada oeste donde se alza el único Arsenal ilustrado del Mediterráneo y en el frente marítimo donde una de las mejores dársenas naturales e históricas del mare nostrum parece condenada a desaparecer colmatada de pantalanes, talleres de Navantia, puertos deportivos y auditorios que -en teoría- no tapan la visión del mar.
Paradójico planeamiento urbanístico es éste que se nos propone para una ciudad que podría fundamentar su porvenir en su riqueza patrimonial.
Juan-Miguel Margalef
Miembro del foro ciudadano

Tirando al monte sacro



No deja de ser una paradoja que en esta Cartagena nuestra que ha acabado por comprender que la arqueología no es tan mala para el negocio como algunos creyeron en otro tiempo, se planteen conflictos como el de los edificios del Monte Sacro.
En una ciudad tan llena de solares como de riquezas arqueológicas y donde hay tantísimo sitio para construir ¿Cómo es posible que sea necesario improvisar una parcela en la ladera más abrupta de una de las colinas que configuran la Cartagena antigua para construir encima mismo de la muralla de Possi o de Carlos II?.
¿Tenemos falta de suelo construible acaso? ¿Carece la empresa constructora de otros solares donde poder construir? ¿Es tan atractivo el emplazamiento de las Torres del Monte sacro que está garantizada la venta de esos apartamentos? ¿Carece el Ayuntamiento de Cartagena de alternativas a esa parcela para permutarla? ¿Por qué es tan necesario construir en esa parcela donde precisamente se conserva un vestigio de la Muralla de Carlos II o de Possi.
Esas son las respuestas que debería dar a los cartageneros el concejal de urbanismo y el ayuntamiento al que representa que dice luchar por la conservación del patrimonio histórico.
La decisión de crear esa parcela fue un error lamentable de una corporación anterior, pero en la mano de la corporación actual ha estado y sigue estando la posibilidad de enmendar el error.
Se tuvo la ocasión de enmendarlo cuando se incumplieron las clausulas del convenio por el que se modificó el Pepri del Monte Sacro y se cedió la parcela; se tuvo la ocasión cuando se elaboró el Plan especial del Conjunto histórico de Cartagena que además se pretendía que fuera de “protección y reforma” del Monte sacro. La protección ya vemos en que ha consistido: en el arrasamiento del barrio; y la reforma –ahora se ve- consistió en aumentar hasta cinco plantas la edificabilidad de las parcelas que rodean la colina; entre ellas la de la parcela de las torres que ahora se quiere construir. Y se tuvo la ocasión de rectificar, en fin, cuando se concedió la licencia de esta obra.
Todavía se esta a tiempo de enmendar el error porque las obras no han empezado y las soluciones que apuntamos son todavía posibles.
Lamento desmentir al concejal de urbanismo cuando dice que nadie alegó contra el planeamiento del Monte Sacro antes de ahora. Debo informarle (como deberían haber hecho quizás sus técnicos y asesores) que en las alegaciones al Plan especial del Conjunto histórico de Cartagena presentadas por ADEPA en el año 2004, en el punto 23.5, página 20, (Véase página web de ADEPA) había una alegación al plan del Monte Sacro que se ilustraba precisamente con la parte del plano en el que aparecen las torres de la muralla de Possi.
Concretamente la alegación decía: “Denunciamos que en el caso del PERI del Montesacro se aprovecha el PEPRI para modificar el trazado urbano y para ampliar las alturas edificatorias en perjuicio de una de las referencias topográficas de la ciudad, la colina del mismo nombre, que se rodea con edificios de 5 y 6 alturas. El boulevard que se propone frente a la Caridad, que no estaba en el Peri del Monte Sacro, es además demasiado contundente”.
También señalábamos en esa alegación que si bien la retórica del PEOPCH es la que conviene a un conjunto histórico que se quisiera proteger, la normativa y las medidas urbanísticas de protección adoptadas son del todo inadecuadas a ese fin. Por lo general las observaciones valorativas y descriptivas son las idóneas pero quedan vacías al no traducirse en medidas de protección.
El caso de las torres de la muralla de Possi es el mejor ejemplo de la falta de criterios en materia de urbanismo histórico de la que adolece quienes gobiernan nuestro ayuntamiento y de cómo se utiliza el patrimonio histórico para ir contra él. Ya ha pasado antes (Convento de las siervas y farmacia de marina) y seguirá pasando si no se toman las medidas necesarias.
Juan-Miguel Margalef
Asociación para la defensa del patrimonio de Cartagena
Publicado en el Diario la Opinion el 20 de febrero de 2010
(http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2010/02/20/tirando-monte-sacro/231037.html)

miércoles, 10 de marzo de 2010

Pretende Segado

Respuesta al Concejal Segado por alusiones

Pretende el concejal JoaquÍn Segado enmascarar su responsabilidad al conceder una licencia para construir cuatro torres de 10 plantas en el Monte Sacro sobre un Bien de interés cultural en el año 2009, amparándose en algo que dijo el servicio regional de Arqueología en 1994 -y que yo suscribí plenamente- en un documento de trabajo del que di traslado al Ayuntamiento de Cartagena cuando fui director general de cultura en aquella época. Creo que hace falta mucha temeridad y cinismo para achacar la responsabilidad de los propios actos de forma tan remota y traída por los pelos.

El mencionado informe de cultura no es en absoluto, como alega el Sr. Segado, un documento de “aprobación definitiva” del Peri. De hecho la aprobación definitiva del PERI no se produjo hasta mayo del año 95, cuando el PP ya gobernaba en el Ayuntamiento de Cartagena y yo seguía siendo director General de Cultura, que lo fui hasta junio de ese mismo año. Que yo recuerde el Ayuntamiento de Cartagena no solicitó la aprobación del texto refundido. Y en el peor de los casos, aunque ese documento hubiera sido elevado a definitivo en modo alguno habría obligado a conceder la licencia si las investigaciones arqueológicas posteriores hubieran proporcionado información complementaria que cambiara sustancialmente la situación como se indica en el informe y como en efecto sucedió en 2004.

El Sr. Segado habrá visto sin duda algunos otros informes de supervisión de decisiones urbanísticas emitidos por cultura y por ello no puedo suponerle buena fe cuando toma por aprobación definitiva lo que no es -insisto- sino un documento de trabajo.

En cualquier caso las circunstancias en las que se emitió el informe ahora en cuestión son bien distintas a las del momento en que se ha emitido la licencia de obras.

En primer lugar, en el informe de cultura de 1994 se habla de un edificio retranqueado con respecto a unos restos arqueológicos que no habían sido excavados todavía en aquel entonces y de los que se ignoraba su importancia. Pues bien, ni el edificio autorizado en 2009 se retranquea sobre los restos de la Muralla de Possi, ni en 1994 sabíamos lo que sabemos ahora después de conocer la investigación de Carmen Berrocal de 2004.

De haber tenido que informar yo mismo la licencia en 2009 puede estar seguro el Sr Segado que no la habría informado positivamente. Y no lo digo ahora por oportunismo, sino que lo vengo diciendo desde que se inició la tramitación del PEOP en 2003 y sin conocer además el informe arqueológico de Doña Carmen Berrocal del que sólo he tenido conocimiento hace un mes.

Pero es que además debe saber el Sr. Segado que quien primero supo de mi nueva posición con respecto al Monte Sacro fue el equipo redactor del PEOP con el que se me reuní varias veces en representación de ADEPA en la sede de Casco Antiguo. Como aquellas reuniones fueron estériles ADEPA presentó alegaciones al plan del Monte Sacro en las que mantuvimos la misma postura y luego un contencioso ante el TSJ. Posición que es la misma que estamos sosteniendo, por cierto, en este mismo momento ante la fiscalía del TSJ, que está investigando las obras del Monte Sacro.

No estoy orgulloso de aquel informe pero creo que de sabios es rectificar, especialmente si de ello depende que no se destruya una parte importante del patrimonio de Cartagena y ello está enteramente en la mano del Sr. Segado y del Sr. Ujaldón. Si yo me “equivoqué” en 1994, no veo porque ellos han de persistir en el error.

Por último nada dice el Sr. Segado -y debería decir- del cambio de calificación de la parcela en cuestión. Parcela que se creó para un uso publico: el de reubicar a los desplazados del Monte Sacro; que se alteró cuando se hizo la permuta con Portman Golf; y que es la única de todo el Monte Sacro que se mantiene para uso privado en el Plan especial del Conjunto histórico que engloba el Monte Sacro.

¿Obliga también el informe de cultura de 1994 a eliminar el carácter social de la parcela y pasarla a uso especulativo? ¿Obliga el compromiso con Portman Golf a saltarse la ley de patrimonio y autorizar la construcción sobre un BIC?

Juan-Miguel Margalef

Presidente de ADEPA

Ex Director de Cultura


NOTA: Con el fin de apreciar la naturaleza y el alcance del informe de cultura de 1994 sugiero consultar el informe en la siguiente página web: http://www.adepa-patrimonio.org/docum_trabajo/Informe_cultura1994.htm

domingo, 29 de febrero de 2004

A vueltas con el discurso de Pérez Reverte



Estamos tan narcotizados y tan sumidos en el pensamiento único y en la propaganda que mucha gente no ha sabido apreciar en lo que vale el gesto –ciertamente inhabitual- de Arturo Pérez Reverte en su investidura como doctor Honoris Causa de la Politécnica de Cartagena.

Desgraciadamente es tan habitual que este tipo de actos se convierta en un pasteleo entre el homenajeado y quienes lo invisten que el gesto de Pérez Reverte sorprendió en exceso y además fue malinterpretado.

En sentido estricto el discurso del doctorando no se centró en una época determinada, ni identificó un solo culpable en el proceso de destrucción del patrimonio histórico del XVIII en Cartagena, sino que analizó el resultado de un proceso que acaba como todos sabemos y podemos ver. Quienes se han sentido aludidos directamente han demostrado o bien su mala conciencia o su ingenuidad por no decir algo más duro.

Justamente el aspecto más interesante del discurso estuvo en mi opinión en la identificación de los factores que propician la destrucción del patrimonio. Estos factores que están de plena actualidad son, en primer lugar, la especulación, que descontrolada o “liberalizada” no busca nada más que su beneficio.  Para demostrar su vigencia no hay nada más ver los solares del conjunto histórico o recordar la petición que hicieron los constructores en uno de los últimos congresos de la COEC de Cartagena, para incorporar el Arsenal a la ciudad, construyendo en él por supuesto. El señor Pérez de Lema debería controlar ese tipo de manifestaciones si tanto le preocupa el buen nombre de la institución que preside o el prestigio de nuestra ciudad.

El segundo factor que ha incidido en la destrucción del patrimonio es la opinión pública. Aquellas gentes que aplaudían el derribo de las murallas y de las puertas de la ciudad, como contaba Pérez Reverte, porque creían que así iban a ser más prósperas. Unas gentes por cierto, las de Cartagena, que no han entendido hasta hace muy poco que el patrimonio es seña de identidad personal y social, además de fuente de riqueza por la vía del turismo. Unas gentes que parecen no saber todavía que atentar contra el patrimonio está penado por la ley y que se siguen dejando azuzar por ciertos gobernantes contra los defensores del patrimonio a los que tachan de enemigos del progreso. ¡Los argumentos como verán los lectores han cambiado poco en los últimos siglos!.

Es en relación con este factor de la opinión pública en lo que reside el mayor valor de la denuncia de Arturo Pérez Reverte, que le agradecemos profundamente todos los que luchamos por el Patrimonio. Frente a la tibieza y la desinformación que abundan es importantísimo que personas como Arturo Pérez Reverte digan lo que piensan y orienten a la opinión pública. ¡Que no sufran quienes piensen que esto puede dañar a Cartagena!. Lo que más nos dañará es no hacer caso de estas advertencias.   

El tercer factor de la destrucción del patrimonio histórico son las administraciones que lo gestionan, sobre todo después de la Constitución y de la ley de patrimonio de 1985, que son las primeras leyes de amplia vigencia que hemos tenido en España para proteger el patrimonio. En este punto Arturo Pérez Reverte se quedó corto quizás porque desconoce que muchos de nuestros gobernantes creen efectivamente que la protección del patrimonio es un obstáculo para el progreso de la ciudad y que son incapaces de compaginar la protección a la que están obligados y el desarrollo urbano. Por citar un ejemplo próximo me limitaré a recordar que la mayor paladina de la eliminación del muro del arsenal es la alcaldesa de Cartagena. Como ya dijo hace mucho tiempo don Luis Amante hablar de derribar el muro del Arsenal es como pretender derribar en Pekín los muros de la ciudad prohibida.

En este capítulo de las administraciones mucho más hay que decir. La responsabilidad no solo compete a los políticos sino también a los funcionarios que no siempre adoptan la postura de defender la ley frente a las veleidades de los políticos. También en este punto tenemos un ejemplo próximo en Cartagena que desgraciadamente vuelve a tener como protagonista a nuestra ofendida alcaldesa. Me refiero a la polémica con el Director General de Cultura, de su propio partido político, porque se atrevió a avisar del alcance del proyecto que se pretender llevar a cabo en el antiguo cuartel de penados y rebeldes del Arsenal y que sigue en marcha a pesar de las observaciones del Director General y del discurso de D. Arturo Pérez Reverte.

Este proyecto, que no dudamos en calificar de muy positivo para la recuperación del antiguo cuartel, tendría la consecuencia irremediable de la división en dos partes del Arsenal. Un gobernante respetuoso con la legislación -que es clarísima al respecto- y que deseara salvaguardar en su integridad la joya de la corona del XVIII, que es el Arsenal, evitaría dañarlo para que se pudiera interpretar adecuadamente en un futuro próximo. Ni los concursos de ideas por buenas que sean, ni los propósitos políticos pueden pasar por encima de la conservación de un monumento de estas características, que es único en el mediterráneo.

La responsabilidad de funcionarios y políticos es aún más evidente en el caso de la destrucción de los diques de Feringán que centraron el discurso de Pérez Reverte y que son una prueba irrecusable de que se está destruyendo patrimonio en Cartagena. De este caso que se encuentra actualmente en el juzgado de primera instancia de Cartagena no hablaremos mucho de momento por razones de espacio y de respeto a la instrucción. Pero cuando se hagan públicas las circunstancias y los detalles del “atentado” contra los diques comprenderán todos los lectores la razón que tenía Pérez Reverte. Valga con decir de momento que los diques eran la verdadera razón de ser del Arsenal, una nueva forma de abordar la construcción de buques, y que no merecían acabar en los almacenes de un anticuario y en dos o tres escombreras por la desidia e imprevisión de funcionarios y políticos del Ministerio de Defensa en este caso.

En definitiva creo que Pérez Reverte dió un toque de atención que era absolutamente necesario para remover las conciencias y que tan injusto es reprochárselo como infantil y absurdo pretender que lo que de positivo se esté haciendo en la protección del patrimonio del XVIII nos exima de la responsabilidad que tenemos en lo que no hemos conseguido salvar. De la misma forma que no eximimos al criminal de su delito porque haya tenido un gesto bondadoso.

A los gobernantes como a los generales que entraban victoriosos en Roma no les viene mal de vez en cuando que alguien les recuerde que son humanos y que por ello también están expuestos al error. 

Juan-Miguel Margalef

Presidente de ADEPA y miembro del Consejo social de la Politécnica

Adepa se interesa por las obras en la base de submarinos del Arsenal

  A la atención de D. ISAAC SASTRE DIRECTOR GENERAL DE BELLAS ARTES MINISTERIO DE CULTURA  MADRID Cartagena, 2 de septiembre de 2024 L a des...